Para el poder médico del Novecientos toda la cultura popular era una monstruosidad higiénica: rancho y conventillo, sólo caldos de cultivos de la tuberculosis, tomar mate en común y concurrir “a la taberna”, fuentes de sífilis y alcoholismo; creer en los remedios caseros y en las hierbas medicinales, superstición. Se trató de convencer a los pobres de que su estilo de vida era un error científico, una deformidad que debía enderezarse mediante la ortopedia espiritual.
El cuerpo de los pobres fue objeto de aquel poder médico. Curado en los hospitales, se aprendía y experimentaba sobreél en la clínica;perseguido como el foco de todos los contagios que amenazaban al conjunto social, era apresado en la cárcel del Sifilicomio, donde se conducía a las prostitutas enfermas bajo custodia policial.
Este libro se propone revelar el orden mental y social establecido donde se cree está sólo la ciencia, tarea que puede ser saludable.
El uso en comunidad del mate-costumbre popular si las había-fue perseguido y se buscó legislar sobre el punto, tanto que se le consideró propagador de la la tuberculosis y la sífilis. En mayo de 1909, en una reunión que celebró la Sociedad de Medicina de Montevideo para discutir medidas de propaganda contra el mate, el médico Augusto Turenne propuso “aconsejar con buenas palabras y un garrote en la mano…debemos empezar por obtener de quien manda, disposiciones que hagan efectiva nuestra propaganda (…) si no es secundada por una disposición de orden superior que prohíba en absoluto el uso del mate colectivo”. De inmediato mocionó para que el Ministerio de Guerra y Marina prohibiese en todas sus dependencias-cuarteles, oficinas, navíos de guerra-el uso común del mate, iniciativa que fue aprobada por la Sociedad de Medicina. tal vez previendo una revuelta similar a los de los cipayos de la India británica en 1857, que hubiera sucedido por causas curiosamenteparecidas, el gobierno no aceptó esta sugerencia del poder médico.
Ante ello el radical Mateo Legnani revivió a su manera estas ideas en un proyecto de ley en 1922 sobre el mate. Por él se declara obligatorio el uso de la infusión de yerba mate entre el personal militar y policial, el reemplazo del “café te y mates usados actualmente, se prohibía absolutamente el uso del mate en toda la población ( por mate en este caso se entendía la yerba , la calabaza o recipiente y la succión por la bombilla) y se castigaba con una multa de diez a cien pesos o prisión equivalente a toda persona que cebe, toma u ofrezca mate”
El propósito no era entrometerse en la intimidad del hogar-donde se suponía se seguiría tomando mate con bombilla-sino justamente reducir a ese lugar su bebida: el mate será saboreado a solas, a escondidas, ya que el mate que perseguirá sin tregua el estado(…)es el mate público, el de las reuniones, el de las carreras de caballos, el de los fogones, el de las pulperías, el de los velorios, el de las visitas, el de los prostíbulos”, el que constituía vehículo de todas clases de “infecciones”.
José Pedro Barrán
Medicina y sociedad en Uruguay del novecientos
Tomo 2- La ortopedia de los pobres
Capítulo 4-El disciplinamiento sanitario-moral de los pobres
imagen: Esquina sureste de las calles Sarandí y Juan Carlos Gómez hacia fines del siglo XIX
El higienismo del Novecientos conducía a una privatización absoluta de la vida, hecho que lo colocaba en las antípodas de la cálida y afectuosa plebeya sociabilidad popular, hecha de contactos, ademanes afectuosos, encuentros hechos norma, parloteo de cercanías y no de respetuosas distancias, uso de objetos y consumo de alimentos y bebidas en común, una sociabilidad del compartir más que del poseer personal.
En 1916, los médicos de la revista “La Tuberculosis” aconsejaron a los niños de las escuelas: Nunca cambiar con otro niño o persona mayor, dulces, pastillas, caramelos, cosas medias comidas y todo lo que haya estado en otra boca (…) Nunca beber en un vaso o copa usado por otra persona. Cada niño debe tener su vaso y no deje que nadie lo use…Lee estos consejos todas las noches antes de acostarte para aprenderlos de memoria”.
Al año siguiente, en 1917, hicieron estas recomendaciones a los adultos “predispuestos” a la tuberculosis: “Vivir retirado de las grandes aglomeraciones de personas y de la vida en comunidad (…) No tomar mate con nadie, no besar a ninguno en la boca ni dejarse besar”.Y la siguiente para los tuberculosos: “tener dormitorio propio y estar solo, si es gente pobre tener su cama propia y dormir solo”
Gestos, hábitos, costumbres, todo debía estar signado por su individualización. Se puede pensar que el aislamiento se recomendaba solo a los tuberculosos. Es un error. El aislamiento era la salvaguardia de todos, siempre y en cualquier circunstancia, para el tuberculoso era además una obligación moral.
......Solo la vida “lo más personal posible” protegía la salud y alimentaba la curación. En 1914, el médico Ernesto Ricci consideró que la mejoría de los tuberculosos que se retiraban a nuestra campaña se debía a que vivían en una quinta con sol, (se alimentaban bien), cuidaban de la vida en común y la hacían lo más personal posible, no tomaban mate con el vecino…no vivían apiñados como sucede en los ranchos.
La contagiofobia higienista, el ideal burgués y la urbanización tendían al unísono a hacer la vida lo más personal posible. Las viejas solidaridades cargadas de afecto corporal debían sustituirse por las nuevas, puramente ideológicas. Ayudar al otro si era enfermo y pobre, sí, acercarse físicamente, a él, no.
José Pedro Barrán
Medicina y sociedad en Uruguay del Novecientos
-2-La ortopedia de los pobres.
Capítulo 5. La condenación médico- iluminista de la cultura popular”
Yo soy la morocha, la más agraciada, la más renombrada de esta población. Soy la que al paisano muy de madrugada brinda un cimarrón.
Yo, con dulce acento, junto a mi ranchito, canto un estilito con tierna pasión, mientras que mi dueño sale al trotecito en su redomón.
Soy la morocha argentina, la que no siente pesares y alegre pasa la vida con sus cantares. Soy la gentil compañera del noble gaucho porteño, la que conserva el cariño para su dueño.
Yo soy la morocha de mirar ardiente, la que en su alma siente el fuego de amor. Soy la que al criollito más noble y valiente ama con ardor.
En mi amado rancho, bajo la enramada, en noche plateada, con dulce emoción, le canto al pampero, a mi patria amada y a mi fiel amor.
Soy la morocha argentina, la que no siente pesares y alegre pasa la vida con sus cantares. Soy la gentil compañera del noble gaucho porteño, la que conserva el cariño para su dueño.
Mamuasel Ivonne era una pebeta
que en el barrio posta de viejo Montmartre,
con su pinta brava de alegre griseta
animó la fiesta de Les Quatre Arts.
Era la papusa del barrio latino
que supo a los puntos del verso inspirar...
Pero fue que un día llego un argentino
y a la francesita la hizo suspirar.
Madame Ivonne,
la Cruz del Sur fue como el signo,
Madame Ivonne,
fue como el signo de tu suerte...
Alondra gris,
tu dolor me conmueve,
tu pena es de nieve...
Madame Ivonne...
Han pasado diez años que zarpó de Francia,
Mamuasel Ivonne hoy solo es Madam...
La que va a ver que todo quedó en la distancia
con ojos muy tristes bebe su champán.
Ya no es la papusa del Barrio Latino,
ya no es la mistonga florcita de lis,
ya nada le queda... Ni aquel argentino
que entre tango y mate la alzó de París
Percanta que me amuraste en lo mejor de mi vida, dejándome el alma herida y esplín en el corazón, sabiendo que te quería, que vos eras mi alegría y mi sueño abrasador, para mí ya no hay consuelo y por eso me encurdelo pa´olvidarme de tu amor
Cuando voy a mi cotorro y lo veo desarreglado, todo triste, abandonado, me dan ganas de llorar; me detengo largo rato campaneando tu retrato pa´poderme consolar.
Ya no hay en el bulín aquellos lindos frasquitos, adornados con moñitos todos del mismo color. El espejo está empañado y parece que ha llorado por la ausencia de tu amor.
De noche, cuando me acuesto, no puedo cerrar la puerta, porque dejándola abierta me hago la ilusión que volvés. Siempre llevo bizcochitos pa´tomar con matecitos como si estuvieras vos, y si vieras la catrera cómo se pone cabrera cuando no nos ve a los dos.
La guitarra en el ropero todavía está colgada, nadie en ella canta nada ni hace sus cuerdas vibrar. Y la lámpara del cuarto también tu ausencia ha sentido porque su luz no ha querido mi noche triste alumbrar.
“El mate es material en cuanto a objeto, y todo lo relativo a el. El mate es social, en cuanto es costumbre de un pueblo. El mate es espiritual por cuanto su forma de tomarlo habla de un ensimismamiento que es natural en el medio campesino, o de comunión en los medios más poblados”
Ruben Lena
Ruben Lena nació en Treinta y Tres el 5 de abril de 1925. Cursó estudios en el Liceo Local y también en Montevideo. Trabajó como maestro en Sierras del Yerbal, muy cerca de la Quebrada de los Cuervos. Luego en Arrayanes de Corrales del Cebollatí y luego en Isla Patrulla. En 1959 fue becado por la O.E.A. a Venezuela, donde participó con 74 becarios de 16 países de Latinoamérica. En 1961 se le ocurre hacer un cancionero para la escuela donde ejercía el cargo de Maestro Director, donde surgieron entre otros "Esto del Sauce" y "A Don José". Falleció en Montevideo el 28 de octubre de 1995, y su cuerpo fue trasladado a Treinta y Tres.