viernes, 1 de agosto de 2008

Mate ,peones y galpón

-Pues...el novillo ese dentra puel portillo del bañao.
-Yo le dije al patrón, que allí estaba caído...pa mi que es el Patricio que lo voltea pa dir a visitar a la china Nicolasa...¿Vos no hayas qu´es fiera la china Nicolasa?
-Como asau de paleta...¿Vamo arrimando pal portón? Ya no se ve ni la boca del mate.
-Arrimemo.
-Ta medio lavadita.
-Dale guelta.
-Es al nudo, esta yerba es flojaza. Casi noche.
........................................
Desde la cocina, un olor a asado llegaba hasta el galpón. Y en tanto la luz se iba zambullendo en la laguna del poniente.

"Puesta de sol" -fragmento-
Javier de Viana

leer más en http://es.wikisource.org/wiki/Puesta de sol

jueves, 31 de julio de 2008

Un matero de Treinta y Tres


"Yo soy un escritor que escribo en función de hombre y no de literato. Por lo que el hombre me duele dentro y por lo que de él espero y creo, procedo de tal modo. Me expreso así por un imperativo natural, como otros se expresan abriendo un surco en la tierra o un rumbo en el océano. Y no podría cambiar, aunque quisiera, pues no se modifica lo entrañable.-
Serafín José García
(1905-1985)

Uno de los mayores poetas populares reconocidos, autodidacta, publicó entre muchos otros títulos,
"Las aventuras de Juan el Zorro"y "Tacuruses"

Leer más en http://www.rodelu.net/perfil37.htm

martes, 29 de abril de 2008

Un cimarrón pa'calentar las tripas


"Llegó a la estancia una madrugada de julio, envuelto entre los flecos de la cerrazón, que parecían empeñados en zurcir los "cuaternos" de su poncho. Montaba un tubiano "matao", cuyos huesos pugnaban por romper la piel costrosa, y sobre cuyo esquelético lomo no se veía más garra que un cuero pelado de sarna, sucio y maloliente. Jinete y cabalgadura formaban un binomio pobre, ridículo e insignificante que ni siquiera los perros se dignaron ladrales. Apenas si algún cachorro curioso levantó la cabeza para vicharlos, y luego indiferente, reanudó el interrumpido sueño.
Los peones que"yerbeaban" en la cocina, esperando la hora de "agachar el lomo", lo recibieron con "un cimarrón pa calentar las tripas" y "una cabesa'vaca p'abancarse"
Mientras Nicomedes sorbía el mate en silencio, temblando todavía a consecuencia del chucho cogido en el camino, los otros lo examinaban con extrañeza su figura grotesca, su cara de luna de llena, sus párpados "bolsudos", su acotorrada nariz y su bigotillo incipiente en que temblaban abundantes hilachas de neblina.
-Qué animal de pelo extraño!-se decían, conteniendo apenas la risa.
Cuando el capataz entró a ordenar la faena del día, Nicomedes "desembuchó".
Quería trabajar en la estancia. Cualquier paga le serviría. Era pobre y andaba muy "quebrao"

Serafín J. García
Fragmento del cuento "Maturrano" .
"Barro y sol" Cuentos-Editado en1941

links:
http://letras- uruguay.espaciolatino.com/serafin/maturrango.htm
imagen: obra de Mario Giacoya, uruguayo, contemporáneo

lunes, 3 de marzo de 2008

SÉ EMPEZAR EL MATE SIN QUEMAR LA YERBA


"Me crié en una estancia y viví después largos años en ella; soy un buen jinete y muchas tardes estivales de mis vacaciones de estudiante las pasé ejercitándome en el manejo del lazo y, alguna vez, las boleadoras, puedo hablar el más dialectal de los gauchescos, he tropeado por tierra y por ferrocarril, sé picar tabaco, sé empezar el mate sin quemar la yerba...pero no soy ni quiero ser-mejor no quiero ser- un escritor criollista. La materia de mis cuentos puede ser criolla pero el producto elaborado no es literatura criollista, tal lo creo, sino literatura a secas, buena, o regular o mala literatura sin apellido"

Mario Arregui
(uruguayo1917-1985)

Prólogo a La escoba de la bruja, Montevideo, Acali, 1979

lunes, 25 de febrero de 2008

MATE ADIVINO


"Doña Viviana no se encontraba en la cama sino acuclillada como una momia incaica en un banquito casi rastrero, tal como la habían dejado las vecinas que le hacían la comida y le limpiaban la vivienda; tenía una mirada que no miraba nada o miraba para adentro y un mate temblón en las manos de la osamenta.
-Aparecieron los caballos-anunció Nicodemo desde el vano de la puerta.
-Dentrá y sentate. Haceme un cigarro.
Los ojos de la curandera y adivina, en la luz de la tarde joven, aparecían más reducidos y menos intensos que en la tardecita anterior; si bien tan ariscamente vivos como entonces, se veían además un poco neblinosos, a causa, sin duda de la crudeza de la luz y del humo de marlos del brasero.
-Sirvasé-brindó Nicodemo el cigarro encendido.
-Cebá vos el mate.
La conversación fue un tanto errabunda y tuvo muchos pozos de silencio y duró hasta el anochecher...versó sobre otros caballos perdidos y encontrados y no encontrados, sobre muertes violentas donde se entreveía el dictamen del destino, sobre el carácter áspero pero con ojos de agua del viejo Carrión, sobre si los lobizones que violan a las mujeres pueden preñarlas o no...después de la pausa larga, Nicodemo se decidió a pronunciar que quería pagar la gauchada y pidió a la vieja qué se le ofrecía"......

"Un cuento de fogón"

de Mario Arregui

sábado, 23 de febrero de 2008

GRAN HOMBRE DE PUEBLO CHICO

En 1933 , cuando un periodista le preguntó a Juan José Morosoli(Minas 1899-1957) por su concepto de poesía, contestó:




-"Yo sentía el gusto de las pescas en el arroyo y la emoción de rajarle la cabeza a un pájaro de una pedrada.Vivía lo que hacía sin darme cuenta. A los veinte años lo conté.¡Y me dijeron que era un poeta!. ¿Cómo puedo, siendo así tener concepto de lo que es poesía, definirla'?"




foto
lolitarubial.org

martes, 19 de febrero de 2008

MATE "DE CUATRO VUELTAS"



"Pataseca era largo, color boniato, poco bigote. Metido en un saco verdinoso parecía un fiebre. Una fiebre de esas que van aflojando las carnes y afinando las nariz y las manos.
Cuando se levantaba poníase a amarguear sentado en una silla de cuadro, de sauce tejido con juncos, de esas que hacen los presos, las solapas del saco levantadas. Sorbía la infusión hasta hundir las mejillas. Tomaba mate "de cuatro vueltas" como si una cebadura no terminara nunca de gastarse"

fragmento del cuento "Pataseca"
de Juan José Morosoli